¿Cómo pudo el piloto y funcionario policial Óscar Pérez, “llevarse” un helicóptero de una base militar sin ser advertido? ¿Cómo fue que no pudo ser neutralizado? ¿Es que acaso Venezuela no tiene un sistema de seguridad aérea eficiente? Estas son algunas preguntas que surgieron en la opinión pública luego del ataque aéreo al Tribunal Supremo de Justicia el pasado martes 27, presuntamente planificado por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc).

El experto Enrique Martín Cuervo maneja información de que Oscar Pérez solicitó permiso para encender motores del helicóptero, actividad que se realiza con frecuencia para chequear la operatividad del vehículo y aplicar mantenimiento oportuno. Una vez en el aire, el aparato ya no puede ser detenido.

Martín Cuervo, especialista en Operaciones de Búsqueda y Salvamento (SAR, por sus siglas en inglés), con 40 años de experiencia en el área, explicó el riesgo que implica el derribo de una aeronave en una zona urbana.

“¿Qué hubiese pasado si la acción para derribar el helicóptero falla? ¿Si el misil aéreo no da en el blanco sino que pega en un edificio? ¿Si el cohete de tierra efectivamente le da y éste cae sobre una escuela? Todo el mundo diría que son unos locos los que dispararon”, expuso el especialista.

 

RADARES CIVILES Y MILITARES

Sobre la ubicación de la aeronave mientras ésta sobrevolaba la ciudad, Martín Cuervo indicó que solo el radar del Aeropuerto de Maiquetía, en el estado Vargas, pudiese haberlo detectado, sin embargo los edificios y las montañas hicieron esta labor imposible.

“La señal que envía el radar debe pegar en el objetivo y rebotar de regreso para que haya información de ubicación, dirección, altura y velocidad. Pero si la aeronave está a baja altura o si hay muchos obstáculos, no se va a producir el rebote de la señal y por lo tanto la pantalla del radar no va a obtener datos”, explicó.

En Venezuela existen dos tipos de radares, los civiles que solo pueden ver la ubicación de la aeronave y a través de los datos de altura y velocidad determinar la dirección, y los militares que sí pueden ver la traza del vuelo, aunque el transponder  (dispositivo electrónico de las aeronaves, que produce una respuesta cuando se recibe una llamada de radio-frecuencia para facilitar su identificación) esté apagado.

Los segundos deben tener la configuración para detectar cualquier aeronave que ingrese al espacio aéreo para poder proceder con los protocolos de seguridad aérea pertinentes.

Martín Cuervo especificó que en la Base Aérea Francisco de Miranda (La Carlota), de donde salió el helicóptero del Cicpc pilotado por Óscar Pérez no hay un radar, sino que la comunicación de la torre de control del aeródromo se produce a través de radio.

Dijo que en el Observatorio Cajigal, ubicado en el municipio Libertador, existe un radar que se activa en situaciones de combate. “No estamos en un estado de alerta de guerra, por lo que no es de extrañar que este sistema hubiese estado apagado”, afirmó.

Posteriormente, habitantes de la comunidad de Osma, en el estado Vargas, avistaron el helicóptero al aterrizar y dieron la alerta a las autoridades sobre la ubicación de la aeronave desde la que se atacó al TSJ, explicó el especialista.

 

UN PLAN DE VUELO FALSO

Un funcionario de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (quien no quiso ser identificado), con especialidad en el área de aeronáutica, indicó que en La Carlota se deben especificar las razones por las que se piensa despegar una unidad y mostrar un plan de vuelo, el cual es autorizado por las autoridades militares.

Es probable que el funcionario haya dado un plan de vuelo falso y después cambió el rumbo”, dijo. Recordó que era un uniformado con autorización para hacer ese tipo de operaciones por su trayectoria profesional.

Fuente: Efecto Cocuyo