¿Por qué los venezolanos claman un cambio como si fuera responsabilidad de otros? Es ese el gran dilema, el hecho que cada quien no se vea en su cotidianidad, como propiciador de los cambios que quiere ver materializados en su entorno. El escritor ruso Lev Nikoláievich Tolstói, (1828-1910), dijo: “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”. Nada más ajustado a la realidad de cada venezolano.

Sin alejarse de la situación que se vive, ante una ruda crisis económica, social, política y violencia permanente, la mayoría de las personas tienden a pensar sólo en sus intereses y, por egoísmos propios del ser humano, se alejan de la realidad colectiva lo que sin duda termina por afectar terriblemente al país.

Desgraciadamente gran parte de los venezolanos en todos los sectores del país están alineados a la idea de tener cada día más, como sea, con ambición desmedida, olvidándose de principios y valores básicos e inclinándose en una gran proporción a variadas formas de vicios y delitos dentro de una impunidad generalizada ganando en la balanza, lo económico sobre lo moral, lo individual sobre lo colectivo, con una pérdida de valores y principios que son indispensables para lograr una convivencia basada en el civismo y bien común.

Actualmente, cuando los venezolanos se enfrentan a uno de los desafíos más grandes de su historia, poder cambiar como sociedad, y enrumbarse a un espacio de desarrollo, armonía y paz, se requiere de modificaciones profundas más allá de lo político y económico: se necesitan cambios diarios individuales basados en nuevas actitudes, valores y valentía a pesar de la confusión, miedo, inseguridad y preocupaciones en donde están sumergidos. Cada venezolano debe asumir la responsabilidad de cambiar y expresar una naturaleza honesta, proactiva y positiva en su vida diaria. Es cuestión de elección y de comprensión del papel fundamental que cada quien juega en su “pedacito de país”.

Ningún cambio es inmediato, todo tiene su proceso y tiempo dentro de una curva de aprendizaje y maduración, pero el punto está en comenzar ya y entender, que la adversidad en cualquier situación es positiva, pues eleva el nivel de conciencia y desata el espíritu transformador del ser humano.
Llegó el momento de tomar acción y cambiar nosotros para que nuestro entorno también pueda cambiar.

 

 

 

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