Se llevó a cabo la polémica 17ma Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en la isla de Margarita en Venezuela.

Uno de los pocos mandatarios invitados que asistió a la reunión fue el muy cuestionado presidente de Zimbabue, Robert Mugabe quien fue el primero en llegar a la isla junto a su esposa Grace, junto al ministro de cultura de ese país.

Para el momento de redactar este editorial, los presidentes Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Mahmud Abás (Palestina) y Hasan Rohani (Irán) habian confirmado su asistencia a la Cumbre, en la que Venezuela asumirá formalmente el mando del bloque integrado por 120 países.

La prestigiosa revista inglesa The Economist recientemente comparó la economía de Zimbabue con la de Venezuela por el proceso hiperinflacionario que han vivido ambos países y que es digno de un Récord Guinness.

Mugabe ha gobernado por más de 30 años gracias a sucesivos fraudes electorales, unido a una violenta represión contra todos sus opositores.

Por ello vale la pena hacer referencia al libro de la autora Heidi Holland, “Cenando con Mugabe”, para entender el carácter de un despiadado dictador.

Críticas de la visita de Mugabe

La llegada de Mugabe fue criticada por dirigentes de la oposición que tildaron de dictador al político africano, que gobierna desde 1987 ese país, y que actualmente registra índices de hiperinflación.

El presidente del Parlamento, el opositor Henry Ramos Allup, afirmó en twitter que “ningún foro puede tildarse de democrático con la presencia del déspota Robert Mugabe”.

El diputado opositor Miguel Pizarro opinó, también en la red social, que “sólo un gobierno vergonzoso es capaz de recibir con honores a una vergüenza mundial como es el dictador Mugabe”.

Mandatario, a quien se acusa de represión política, fraude electoral y violación de los derechos humanos. Me suena…, me suena… pero no recuerdo a quién…

Resumen del libro

“Cenando con Mugabe” trata de hacer el retrato del hombre que comenzó con una brillante carrera y que al final arruinó a su país, Zimbabue, y ha llenado de vergüenza al continente africano.

La autora va conversando con varias personas cercanas a Mugabe, y esa peligrosa carrera culmina en una entrevista que le hace al dictador en el propio palacio presidencial, un fortín impenetrable para la prensa extranjera.

La autora logra rastrear la autodestrucción de Mugabe además de destapar la complicidad ante la tragedia zimbabuense de algunas de las más respetadas figuras internacionales.

Holland expone las contradicciones que nublan la vida del hombre que una vez plasmó la promesa de un continente.

Cenando con Mugabe

A continuación reproducimos fragmentos interesantes del libro sobre los que vale la pena reflexionar.

Sobre cómo llegó a reunirse con el dictador la autora dice: “La identidad de mi invitado a cenar tenía que mantenerse en secreto hasta que nos conociéramos. Un amigo –experto constitucionalista y colega activista– me había preguntado si podía tener una reunión secreta en mi casa. Mi papel consistía solamente en proporcionar un lugar seguro y privado y en preparar la cena. Así que le di el día libre a la niñera que me ayudaba a cuidar a mi hijo y me metí en la cocina a preparar un pollo al horno”.

“Al atardecer un taxi se detuvo frente a mi casa. Escuché la voz de mi amigo al bajarse del taxi con otro hombre, que usaba un sombrero que le cubría la frente. Sólo lo reconocí cuando estuvo bajo la luz del corredor y alzó la vista para saludarme. Era Robert Mugabe.
Su postura era de una arrogancia extraña, como sigue siendo aún hoy. Sus hombros estaban ligeramente encorvados pero lucía delgado y ágil, como si estuviera listo para salir corriendo. Era 1975, un año crucial para Mugabe. En ese momento yo no lo sabía, pero estaba a punto de escaparse al vecino Mozambique después de ser liberado luego de once años de cárcel como prisionero político, porque sabía que podía ser encarcelado otra vez en cualquier momento. Al otro lado de la frontera comenzaría a construir la base de su movimiento guerrillero apenas unas semanas después de cenar en mi casa.

Esa noche yo estaba más preocupada por cocinar que por hablar de política. No hice preguntas, porque sabía que era preferible no conocer demasiados detalles que pudieran interesarle a la policía de seguridad. Mugabe había llegado más tarde de lo esperado y anunció que lo vendrían a buscar pronto para que pudiera tomar el tren de las nueve en la estación Salisbury’s Park. Corrí a la cocina para apurar la cena. La puerta que comunicaba la cocina con el comedor se mantuvo abierta mientras los dos hombres se sentaban a conversar frente a los dos vasos de agua que me habían pedido. No tuve tiempo de escuchar lo que hablaban.”

Sobre el estudio de la personalidad del presidente de Zimababue escribe:

“La historia de Robert Mugabe es una muestra en pequeño de los problemas que aquejan a las nacientes democracias y a las débiles economías africanas en los inicios del siglo XXI. Es el caso clásico de un héroe genuino –el ídolo guerrillero que derrotó al régimen de supremacía blanca y a su líder– convertido en un autócrata irascible, cuya única respuesta a aquellos que le han sugerido que entregue el poder es mandarlos a la porra. Es también la historia de un grupo de activistas que tratan de construir una nueva sociedad pero llevan a cuestas las marcas imborrables del viejo régimen. La educación política de Mugabe proviene del autócrata Ian Smith, quien a su vez aprendió las lecciones fundamentales de los colonizadores británicos.

Por encima de todo, se trata de la historia de un hombre que perdió la brújula moral con consecuencias desastrosas para muchos. Robert Mugabe tenía el mundo a sus pies en 1980. A partir de ese momento, de manera lenta pero segura, despilfarró el trabajo de toda su vida, traicionando a la gente que confió en él. ¿Por qué?, ¿qué impulsó esta autodestrucción?”

Manyika, un psicólogo que vive en Londres pero que es zimbabuense de origen, leyó y comentó el manuscrito (del libro Cenando con Mugabe)

Eva Hurley, terapista de inteligencia emocional de origen irlandés, que trabaja para clientes corporativos internacionales y está radicada en Dubai, revisó todos los capítulos.

El resultado es la psicobiografía de uno de los más inquietantes y destructivos líderes del mundo.

“Al tratar de comprender una trayectoria como la de Mugabe intentamos no restarle importancia al hecho de que estábamos analizando el comportamiento de un asesino.

Al considerar como sociales algunas de las causas de su tiranía nos preocupa que se pueda entender que la violencia es algo implícitamente aceptable. Aunque algunas de nuestras explicaciones sugieren cierta empatía con el tirano, en parte porque sabemos que alguien como Mugabe es un ser humano igual que nosotros, estamos conscientes de que los esfuerzos recientes por comprender personalidades como la de Hitler, por ejemplo, han sido considerados «la obscenidad de la comprensión» por gente como el filósofo y cineasta francés Claude Lanzmann.

Pero este argumento puede ser rebatido si nos hacemos la siguiente pregunta: ¿cómo vamos a aprender de los capítulos más crueles de la historia si no se nos permite intentar comprender a los tiranos?”.

Solo queda reflexionar sobre los personajes y países que conforman el Movimiento de Países No Alineados, con quién se reúne e identifica el Gobierno venezolano y veremos cuáles serán los alcances y logros de la presidencia venezolana del MNOAL.