Noruega ha sido el primer país petrolero que ha logrado romper la ”maldición del petróleo”, una regla que impera en naciones que, como Venezuela, dependen del oro negro,  abunda el despilfarro de los recursos, e impera un sistema político autoritario. Los nórdicos han logrado sembrar su petróleo estableciendo un multimillonario fondo de inversión y creando conciencia en todos sus habitantes, quienes cuidan estos recursos para el futuro, conscientes de que se trata de un producto no renovable. Historia Hay que recordar que Noruega apenas comenzó su carrera energética en 1971, con un costo de extracción muy elevado en comparación a otros países petroleros, y a pesar de ello, hoy se han logrado ubicar como el tercer exportador del mundo, solo después de Rusia y Arabia Saudita. Noruega en la actualidad es un país que sirve de ejemplo mundial de estabilidad, transparencia gubernamental y nivel de vida para todos sus ciudadanos. ¿Cómo lograron romper con la maldición? Tres factores nos dan la respuesta: un gigantesco fondo con estrictos lineamientos de inversión, un gobierno serio y con separación de poderes, y sobretodo, una actitud austera en su población. Fondo de inversión A diferencia de otros países petroleros que derrochan la renta proveniente del petróleo. Noruega no despilfarró sus recursos, más bien logró colocar la mayor parte del dinero proveniente de su renta petrolera y de gas en un gigantesco fondo soberano de inversión. Los noruegos pudieron entender que los recursos no eran infinitos y que tenían que pensar en la generaciones futuras. Para ello idearon el mayor fondo soberano de inversión en el mundo, que hoy ha logrado crecer a más de $800.000 millones de dólares en activos. Según señala un reportaje de la BBC, el fondo es propietario del 1% de todas las acciones del mundo entero y es suficientemente grande como para hacer millonarios a todos los ciudadanos de ese país en su moneda local, la Corona. Cuenta con unas estrictas reglas de inversión que tienen que ser seguidas muy cuidadosamente por sus administradores y sólo el 4% del excedente se puede destinar a gastos o inversiones en proyectos públicos. Este fondo funciona como una cuenta de ahorros descomunal, la cual no es manejada como si fuera una chequera personal. Sus autoridades cuidan y administran muy bien el patrimonio de todos los noruegos, de sus hijos y sus nietos. Austeridad La economía de Noruega se transformó por la bonanza petrolera, pero sus ciudadanos no permitieron que esta riqueza transformará su modo de vida y pudieron continuar una vida sencilla de gastos muy austeros. Es decir que no hay gastos excesivos ni derroches en Noruega, como si ha ocurrido en la mayoría de los países exportadores de petróleo. Existen pocas muestras de gastos ostentosos. En Noruega no hay súper autos de lujo, ni tiendas con ropa de marca, ni grandes joyerías ni filas de gente haciendo colas frente a clubes nocturnos exclusivos. Quizás tener conciencia de que el petróleo no va a durar para siempre logre explicar por qué se ven carros Volvos de segunda mano circulando por las calles de Oslo, en vez de Porsches o Bentleys que se ven en Londres. La actitud es la de la prudencia y el pragmatismo en vez de favorecer las apariencias y la mayoría de la población noruega está contenta con su política de austeridad, ya que son uno de los países más felices del mundo, según comprobó un estudio hecho en 2012 por la Universidad de Columbia en Nueva York. El pueblo noruego ha tenido la sabiduría de saber gastar solamente en lo que es necesario y saber ahorrar para un futuro mejor. El profesor Alexander Cappelen de la Facultad de Economía de Noruega explica a la BBC: “Tuvimos que invertir mucho dinero antes de que pudiéramos gastarlo en algo”, señalando por qué el país ha evitado caer en las tentaciones de una vida de lujos que generalmente trae una enorme riqueza. Confianza en el gobierno Pero para que este tipo de sistema funcione, hace falta tener un enorme nivel de confianza en el gobierno y sobre la administración de los fondos. Noruega se ha definido como un Estado socialista, donde el sector público tiene un peso preponderante que controla áreas estratégicas de la economía nacional. Y aunque el papel del Estado es importante, hay instituciones fuertes e independientes que se encargan de poner contrapesos al poder. Instituciones en las cuales el ciudadano confía plenamente. Los noruegos confían en su gobierno y que su dinero proveniente de los impuestos se gastará sensatamente, y esto se ha logrado gracias a los resultados de la democracia social y de las políticas igualitarias que han creado una sociedad homogénea y por ello han podido desarrollar un enorme nivel de confianza. Una vez que comienzas a confiar en que los otros están haciendo su parte y contribuyendo, entonces cada uno estará contento de contribuir después con la suya. A pesar de serlo, los noruegos no se consideran ricos. Piensan que los recursos producto de la renta petrolera son para el futuro. Sobre la caída de los precios del petróleo, los noruegos saben que es evidente que necesitan encontrar otras fuentes de ingresos y ahora que tienen la habilidad de invertir, es crucial que lo hagan porque cuando el petróleo finalmente se acabe, Noruega logrará sobrevivir, pero será un gran reto para ellos. Su desafío será utilizar su pericia para aplicarla en otras áreas de inversión y lograr generar empleos y nuevos emprendimientos. Lecciones para Venezuela Juan Pablo Pérez Alfonso, utilizó la frase “el excremento del diablo” para describir el efecto que produce el petróleo sobre economías como la venezolana. Nuestro comportamiento ante la riqueza petrolera ha sido de delirios de grandeza. Sufrimos el síndrome del heredero que no trabaja y despilfarra la fortuna del padre y aumentamos el gasto y de manera cada vez más descontrolada. No somos noruegos, somos un país caribeño con una idiosincrasia muy particular. Si queremos aprender y aplicar las lecciones que nos da Noruega lo primero que tenemos que tener es un gobierno verdaderamente democrático, con separación de poderes, con políticos con vocación de servicio y no con deseos de enriquecerse del Estado. Romper con la ecuación de la maldición donde los ciudadanos dependen del Estado y no el Estado de los ciudadanos. Si queremos crear un fondo petrolero, quizás debemos entregar su gestión a algunos administradores de reconocida trayectoria internacional y así evitar la tentación de que ningún gobernante lo use como una chequera personal. Las utilidades e inversiones de ese fondo nos ayudarían a diversificar la dependencia petrolera en otras áreas de inversión para evitar las fluctuaciones y crisis que conllevan las variaciones de los precios del crudo y así verdaderamente sembraríamos el petróleo. Finalmente, como sociedad debemos pensar con más unidad, actuar con mayor prudencia, austeridad y pragmatismo, en vez de vivir de las apariencias; una actitud que todos los venezolanos debemos comenzar a practicar. Arabia Saudita comenzó a copiar el modelo noruego y ya lo está aplicando. Ese será nuestro próximo análisis en este especial de “sembrar el petróleo”.