“The Montley Fool”, empresa estadounidense de asesoría financiera, escribieron -en su última carta de recomendación- una nota sobre los errores cometidos en economías como la venezolana titulada “Bienvenidos a la peor economía del mundo”. La nota recuerda a las personas que han ganado la lotería y que a pesar de haber recibido una gran fortuna, terminan arruinados, situación que comparan con la de Venezuela.

El escritor del artículo hace una emotiva referencia a su hija de siete meses y sobre las inversiones que debe hacer para un futuro con empresas que puedan crecer más de 50 veces -para el momento que cumpla 18 años-como, según su criterio, Facebook o MasterCard. Pero también recuerda que no quiere que su hija pueda tener el acceso fácil a esa riqueza -como la que tuvimos los venezolanos- porque no le daría valor, no tendría iniciativa para trabajar o, la despilfarraría hasta quedar en la ruina.

De la situación venezolana llega a dos conclusiones. La primera es que a la hora de invertir en mercados internacionales, es preferible hacerlo en países que han exhibido una cultura de innovación, trabajo duro y que compiten apasionadamente, en lugar de aquellos que han sido “bendecidos” con recursos naturales, como el petróleo. Considera que mercados como el de la India están definiendo la próxima generación de empresas ganadoras y no ve ninguna promesa en países como Venezuela.

En segundo lugar, concluye que debe cuidarse de no consentir demasiado a su hija -como a los países ricos en petróleo- los cuales no tienen que trabajar duro para lograr avances en su economía.

Cuesta leer que usen de ejemplo a Venezuela como la peor economía del mundo, y es válido preguntarse ¿cómo es posible que la riqueza natural de un país perpetúe la pobreza de la mayoría de sus habitantes?

Debemos recordar el fenómeno conocido como “la maldición de los recursos naturales”, el cual parte del principio que el petróleo, los diamantes, el gas y el cobre empobrecen. A pesar que algunos países pobres cuentan con abundantes recursos naturales, suelen ser subdesarrollados. Esto ocurre no a pesar de sus riquezas naturales, sino debido a ellas.

Hace muchos años, el diplomático petrolero venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, fundador de la OPEP, había lanzado algunas advertencias sobre dicho fenómeno, y las consecuencias las estamos viviendo. “El petróleo, no es oro negro; es el excremento del diablo”, dijo en su oportunidad.

La reflexión de la historia nos obliga a confrontar esta “maldición” de los recursos naturales y comenzar a producir y olvidar el modelo rentista petrolero, ya no por capricho, ahora será por necesidad.

 

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