No sé si Venezuela sea el mejor país del mundo, pero es el mío, y es el único que tengo. Eso basta para trabajar, esforzarme y no rendirme ante esta crisis que día a día nos golpea el bolsillo, el estómago y el espíritu cuando nos enteramos de la pérdida de un conocido por falta de medicinas o comida.

Ante este contexto es válido preguntarse: ¿hay razones para ser optimista en Venezuela? Ser optimista no es aquel que niega los problemas ni aquel que le da la espalda a la realidad. Todo lo contrario, es tener la capacidad de reconocer la crisis y analizar sus causas para actuar de manera inteligente y buscar soluciones a los problemas.

Einstein dijo alguna vez: “No seas un hombre de éxito, sé un hombre de valor”, por eso es que cuando trates de lograr algo en la vida, empieza por conquistarte a ti mismo. Esta es la verdadera lucha: generar los cambios individuales para obtener cambios colectivos. ¿Será posible lograrlo?

Hace ya algún tiempo tuve la oportunidad de hacer un trabajo sobre la transformación que se registró en Bogotá gracias a la gestión de Antanas Mockus. En uno de los tantos textos que leí sobre esta experiencia el ex alcalde colombiano dijo: “Bogotá cambió, porque su gente cambió”.

Esta reflexión nos da luces para que los venezolanos continuemos con nuestro propio camino. Este país cambiará el día que sus habitantes, su gente, sus ciudadanos cambiemos. Empecemos por comprender que el país que tendremos en 20 años será producto de las acciones y decisiones que hoy tomemos como individuos y finalmente como sociedad.

De ti, de mi, de nosotros, depende tener el país que nos merecemos.¡Manos a la obra!