La Asamblea Nacional ha logrado emitir dos importantes acuerdos: el primero, la declaración de la “crisis humanitaria” en la salud de Venezuela, que señala la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y el deterioro de la infraestructura sanitaria; el segundo, declarar la “crisis humanitaria” e inexistencia de seguridad alimentaria de la población venezolana.

Una crisis humanitaria es definida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como “aquella situación en la que existe una excepcional y generalizada amenaza a la vida humana, la salud o la subsistencia”. Es una situación de emergencia en la que se prevén necesidades masivas de ayuda en un grado muy superior a lo que podría ser habitual, y que si no se suministran con suficiencia, eficacia y diligencia, desemboca en una catástrofe humanitaria.

Llama la atención que el acuerdo parlamentario, “mediante el cual se declara la crisis humanitaria y la inexistencia de la seguridad alimentaria” fuera aprobada por la mayoría de los diputados de la oposición, pero absolutamente rechazado por la minoría afecta al gobierno.

Pero es que el temor de la bancada oficialista es que de acuerdo a ellos -si se declara una crisis humanitaria en el sector de los alimentos en Venezuela- Washington podría considerar una intervención en el país porque “constituiría un espaldarazo a advertencias de jefes militares estadounidenses de que, solo en casos extremos como ese tendrían la excusa de hacerlo 

para tratar de evitar que se aprobara la declaración de la crisis humanitaria. En el caso de los alimentos, amenazaron que esto obligaría al Gobierno a expropiar Empresas Polar, la principal productora nacional privada de alimentos.

Debemos recordar que esta medida de intervenir a Empresas Polar sería profundamente impopular, ya que es fuertemente rechazada por más del 82% de los venezolanos, según los últimos estudios de Datanálisis.

Sin embargo, el parlamento venezolano finalmente declaró la “crisis alimentaria nacional” y solicitó a la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que nombre una comisión de expertos y evalúen “in situ” los riesgos de “la inseguridad alimentaria, que corroboren la fiabilidad” de las cifras oficiales y, a la Unicef, “que evalúen el estado de malnutrición infantil”.

Lo que podemos deducir del enfrentamiento en el parlamento es que en las decisiones que toma el Gobierno es más importante la política que la salud y alimentación del venezolano.

Es por ello que Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica de Venezuela (FMV), declaró que la escasez de medicamentos “ha causado un holocausto en el país” . Esta declaración la hizo junto a una concentración que repudiaba el triste fallecimiento de 46 neonatos en el Hospital Clínico Universitario por falta de fármacos.

Recordemos la definición de holocausto que significa “una matanza masiva de seres humano y tiene, como objetivo, exterminar a un grupo social por motivos de raza, religión, o político”.

Esperemos que Natera se equivoque y no estemos frente a un Holocausto venezolano que inevitablemente recuerda al genocidio de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial llevado a cabo por el régimen nazi de Alemania.

 

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Penzini Analítica

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