En las últimas 8 semanas, 35 empresas estadounidenses que pertenecen al índice Standard & Poor’s 500, se han ido de Venezuela.

Algunas como Mead Johnson Nutrition (MJN), MasterCard (MA), Marathon Petroleum (MPC) y Coca-Cola (KO) dicen estar muy preocupados por las situaciones extremas que se viven en el país  y que están afectando los resultados financieros de dichas empresas. En promedio, estas 35 compañías han dado un resultado de utilidades de 1% en el último año, muy cercano al 1.6%, que es el promedio de las empresas del índice S&P 500’s porque se considera que el impacto de sus filiales venezolanas no es tan grave.

Otra empresa que se va son los cauchos Bridgestone, quienes vendieron su filial venezolana, después de 62 años de existencia, debido a los estrictos controles cambiarios del país y la alta inflación que afecta sus operaciones. Bridgestone fue vendida al Grupo Corimon y se llamará Alice Neumáticos de Venezuela. Bridgestone también reportó que esta venta no causará un impacto significativo en sus estados financieros porque ya estaba descontada la pérdida en sus resultados de utilidades reportados a la bolsa de la filial venezolana.

Otras empresas que huyen del país son Halliburton, Ford Motor y Procter & Gamble las cuales han reducido sus operaciones o abandonado sus inversiones por la crisis venezolana.

Ya empieza a afectar esta situación al comercio entre ambas naciones. Según las cifras publicadas por el Census Bureau de los Estados Unidos de Norteamérica, el intercambio comercial entre Venezuela-EE.UU cayó 48% en apenas un trimestre del 2015 y 70% en un año. Las exportaciones hacia los EE.UU han disminuido 53.54% y las exportaciones petroleras alcanzaron 94.53% de las exportaciones totales realizadas hacia ese país durante el primer trimestre del año 2016, aunque disminuyeron 52,87% (US$ 2.053 millones) en comparación al total de las exportaciones petroleras realizadas hacia el país del norte durante el primer trimestre del año 2015.

Lamentablemente, una vez que se van esas empresas es muy difícil que regresen, y esto va afectar aún más el grave problema de abastecimiento y producción nacional.  En los años 60 decíamos ¡Yankees, go home! Ahora les tendremos que rogar que regresen.