Latinoamérica celebra el regreso de Argentina a los mercados financieros internacionales recuperando el acceso a fondos internacionales, imprescindibles para su recuperación económica.

Es por ello que la agencia calificadora de riesgo Moody’s decidió subir la calificación de emisor de Argentina desde Caa1 a B3. Sorprendió a los mercados que esta decisión fuera tomada tan rápidamente, por el solo hecho de devolverle a la economía una palabra imprescindible para que los inversionistas logren colocar sus fondos en un mercado: la confianza.

La agencia basó su decisión en la mejoría de las políticas económicas desde que el presidente Mauricio Macri asumiese la presidencia en diciembre. “El nuevo gobierno retiró los controles de capital y permitió que el peso flotara más libremente, redujo los subsidios a la energía y el transporte y comenzó a corregir los desequilibrios macroeconómicos de largo tiempo”, informó Moody’s.

La agencia consideró que se incrementó significativamente la probabilidad de que Argentina realice el pago de los bonos reestructurados, por lo que volverán nuevamente a participar en los mercados de capitales internacionales.

Es asombroso que apenas, pocos meses después de haberse instalado el nuevo gobierno argentino, que la agencia Moody’s vea ahora, con ojos positivos, el mejoramiento de las políticas económicas porque consideran que con un nuevo modelo económico logren afrontar una gran cantidad desequilibrios macroeconómicos que ha sufrido ese país.

Prueba de que nuevamente tienen acceso a los mercados es la nueva emisión de títulos públicos para recaudar fondos para pagar la vieja deuda de los denominados “fondos buitres” o acreedores “holdouts”.

La colocación estará en manos de Deutsche Bank, HSBC, JP Morgan, Santander, BBVA, Citigroup y UBS, y la calificadora de riesgos Standard & Poor’s hará la evaluación de dichos bonos.

Con esta emisión Argentina dejaría atrás una larga historia de malas decisiones financieras, comenzando por el trágico default por el que tuvieron que implementar medidas austeras, como aumentar el cobro de impuestos que luego llevaron a protestas sociales y desconfianza en la economía. Después de estas impopulares medidas, restringieron el acceso a los fondos imponiendo un “corralito” para tratar de evitar el retiro masivo de capitales, empeorando así el descontento social que llevó a la renuncia del presidente Adolfo Rodríguez Saá.

La tasa fija del control de cambio era insostenible y, junto al corralito, lograron que se desplomara la economía argentina llevando al país al impago de la deuda externa, convirtiéndose el “default soberano” más grande de la historia.

Ahora Argentina regresa a los mercados internacionales con una nueva, fresca y moderna visión de la economía que llevará al progreso económico a ese país. Venezuela en cambio impone más controles, la recién aprobada Ley de emergencia cambiaria amenaza con la posibilidad de imponer un “corralito” y aún continúa el régimen de control cambiario, medidas que la lección de Argentina señala a donde conducen estos controles.

Aunque Venezuela ha cumplido con todos sus pagos, siempre se asoma la posibilidad del default de la deuda, que de hacerlo, sufriríamos la triste historia que ha sufrido Argentina, que finalmente está cambiando.

La lección financiera argentina señala el camino que debe tomar de manera inmediata Venezuela: “el cambio”.

 

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Penzini Analítica