¿Es posible ser optimistas aunque las circunstancias nos sean adversas?

Comencemos por saber: ¿Qué es el optimismo?

El optimismo es una tendencia que pueden tener algunos individuos y que por ella tienden a ver y a juzgar cualquier situación, acontecimiento o persona, siempre desde su aspecto más favorable.

Se asocia con el buen ánimo para interpretar los sucesos de la vida cotidiana. Por ejemplo, ante la pérdida de un empleo, el pensamiento inmediato de un optimista será “conseguiré algo mejor apenas salga a buscar”, ante una enfermedad, pensar “pronto me curaré”; y ante cualquier otro obstáculo, “lo resolveré sin problemas”.

Así es que se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío. Los optimistas siempre verán el vaso medio lleno y la posibilidad de llenar el espacio vacío. En cambio, el pesimista no sólo verá el espacio medio vacío, dirá que no es que sea una persona negativa sino que es realista y hará su mayor esfuerzo de convencer a los demás que esto es así. Cuestión de puntos de vista que brindan oportunidades de tolerancia al optimista y posibilidades internas de cambio al pesimista.

Pero ¿es posible ser optimista ante las peores circunstancias?

Ver con amargura la vida no te llevará a nada sino a crear en tu mundo un entorno hostil que terminará enfermándote y atraerás lo negativo hacia tu vida. Debemos recordar que la mayoría de las enfermedades son de origen psicosomático por lo que los malos pensamientos y la negatividad podrían afectar tu salud.

Algunos experimentos científicos que fueron realizados con el agua han demostrado el poder que tienen los pensamientos sobre el entorno y porque debemos tener una mente positiva en todo momento.

El japonés Masaru Emoto fue el primer científico en estudiar microscópicamente los efectos de las emociones sobre las moléculas de agua congeladas. En su libro “Los mensajes ocultos del agua” el investigador comparte unas sorprendentes microfotografías sobre los experimentos que realizó con el agua destilada. Antes de congelarla, expuso el agua a música clásica de autores como Mozart, Beethoven, Bach, pero también a sonidos de heavy metal, a oraciones, a mensajes masivos de gratitud, a personajes bélicos de la historia como los discursos pronunciados por Hitler obteniendo unos sorprendentes y variados resultados.

Las fotografías mostraron a algunas moléculas que habían formado cristales hexagonales armónicos y brillantes pero otras resultaron opacas, asimétricas e irregulares. El resultado dependía de los pensamientos específicos a los que fueron sometidas las moléculas antes de ser congeladas y fotografiarlos durante el experimento.

Es decir que la palabra escrita y hablada, las frases agradables y desagradables, la música, los pensamientos y las vibraciones repercuten en la composición química del agua que consumimos a diario y que representa nuestra fuente de vida.

Emoto dice estar convencido que el agua está viva y que los pensamientos de paz, gratitud, amor, armonía hacia el mineral tienen propiedades sanadoras para la humanidad y el planeta.

Entonces, si los experimentos arrojan que los pensamientos afectan al agua, y la composición de los seres humanos es de un 70% del vital líquido, los pensamientos positivos, o negativos, también nos deben afectar positiva o negativamente.

Este descubrimiento revela la importancia del “poder de las palabras” y también de nuestras “acciones”, así como la interacción que tenemos con nuestro organismo.

En base a esto debemos hacernos estas preguntas y reflexionar: ¿Cómo creen que repercuten las palabras en nuestro organismo, sabiendo que nuestro cuerpo está en su mayoría conformado por agua? ¿Cómo nos afecta nuestro propio pensamiento?

Es difícil reconocer cuando uno no es optimista, pero si lo reconoce y quiere cambiar puede tratar de crear un “diario de acontecimientos positivos”.

A todos nos ocurren cosas buenas, pero los pesimistas no lo notan; dedicar unos cuantos minutos todos los días a escribir por lo menos tres cosas positivas tal vez lo ayude a esperarlas con más frecuencia. O bien, en lugar de intentar ser optimista, haga lo que ellos hacen: trabaje con mucho empeño para alcanzar sus metas. Cada logro deberá facilitarle ver el siguiente con más esperanza y optimismo y así podrá, como decimos coloquialmente, “echar pa’ lante”.