Sobre liderazgo hay miles de libros y artículos; es un tema de amplio estudio, sin embargo, cuando se analiza en entornos con realidades de alta complejidad, llenos de incertidumbre y con sentimientos negativos generalizados, la literatura se hace corta. La historia de los países está llena de ejemplos de líderes con altos niveles de carisma, poder de convencimiento y persuasión, grandes proyectos de desarrollo social, pero que lamentablemente, terminan desperdiciando increíbles oportunidades, obteniendo resultados dramáticos y a veces hasta criminales. Son liderazgos negativos y destructivos, consecuencia de un gran nivel de inseguridad, con personalidades enfermas de mentes cerradas y egoístas. En contraposición, la literatura indica que un liderazgo positivo se caracteriza por ser abierto, cooperativo, creativo, en donde los ideales de honestidad, bien común y generosidad están por encima de los intereses particulares. Cuantas veces escuchamos la siguiente frase: “Es que en Venezuela no hay líderes”, apostando en el fondo, a unos super héroes que deberían venir a salvarnos. Definitivamente, una visión distorsionada y alejada de la realidad, en donde irresponsablemente se delega en otros, la participación individual. Venezuela actualmente para sorpresa de muchos, es un gran semillero de liderazgos positivos que han surgido desde una realidad de alta complejidad, incertidumbre y sentimientos negativos generalizados. Hay un desarrollo interesantísimo de una gran cantidad de líderes de todas las edades, clases sociales y diferentes niveles de preparación trabajando a diario en todos los sectores, identificando oportunidades con gran entusiasmo, sentido de colaboración, creatividad y optimismo. Se debe aprovechar este empuje y propiciar una visión de participación, en un trabajo conjunto, con altos niveles de generosidad, negociación y sentido de país. Definitivamente la frase “No hay mal que por bien no venga” puede aplicar en este contexto.