Por el Doctor y académico: Daniel Varnagy

1936. El presidente en funciones era Eleazar López Contreras, quien creó tanto la Guardia Nacional, como –y sobre todo a efecto de esta mínima reflexión- el Banco Central de Venezuela. Se trataba de un hombre que representaba el futuro, la institucionalización post dictatorial, la paulatina democratización y sobre todo la rehumanización de la sociedad venezolana (creó la División de Higiene Rural, y admitió a los judíos que escapaban del Nazismo en dos famosos barcos, el “Caribia” y el “Königstein”). Es una época en la cual se estaba gestando la esperanza de la venezolanidad moderna y libre. Pero ya el país tenía historial como exportador petrolero desde 1875, e industrial desde 1914. En 1936, Venezuela tenía apenas un poco más de 3,6 millones de habitantes, y era el segundo productor y primer exportador de petróleo del mundo. Si bien luce extraordinario, preocupaba a los más importantes intelectuales…

En esa fecha, Arturo Uslar Pietri tenía exactamente 30 años de edad. Ya Abogado y Doctor en Ciencias Políticas, es conocido por su significativa lucha por la democracia, especialmente una vez fallecido Juan Vicente Gómez el año anterior. Pero también era ya en ese entonces reconocido por su muy relevante talento literario, cuyas raíces ahondan en esa Venezuela agraria y ganadera que “sufre, ama y espera”, tal como refirió su amigo y colega Rómulo Gallegos en Doña Bárbara (1929). En el llano y las montañas. Es entonces, que un hombre de vanguardia escribe la “Editorial” en el “Diario Ahora” (14/7/1936), con el nombre de “Sembrar el petróleo”.

Esa “Editorial” tenía, a mi modo de ver, una doble intencionalidad: Por un lado, era una solicitud de
reformulación de las políticas económicas existentes. Él deseaba ‘curar’ la “Enfermedad Holandesa”, que consiste en un súbito incremento de los ingresos nacionales por un solo sector, abandonando los demás sectores productivos de la economía nacional. El sugería, para tal corrección, retroalimentar a partir de la inmensa ganancia petrolera, la inversión en agricultura, ganadería, tierras y desarrollo “sostenible” (en términos académicos de la actualidad). Pero como “todo lo dicho está dicho por alguien, y ese ‘alguien’ tiene su historia”2.

Arturo Uslar Pietri, como humanista expresa su preocupación por la contraparte educativa de dichas políticas económicas. Con un recientemente creado Banco Central, y la posibilidad de control independiente de financiamiento de las políticas públicas económicas, AUP como pensador, literato, abogado y pensador social deseaba alertar sobre el peligro de la hipermonetización social a partir de petróleo, olvidando prontamente que el verdadero tesoro del país es su tierra, y no lo que está debajo de ella, escondido de su superficie.

El reverberar incesante del título de esa “Editorial” nos invita, a sociedad y gobernantes, a ejercer la libertad y la democracia a partir de su función social medular: la educación de los valores y de los principios fundacionales del país. De su tierra, sus riquezas expuestas, su gente. “Sembrar el petróleo” no es sólo una máxima de reinversión patrimonial o de políticas públicas económicas. Es un norte cultural, productivo, de desarrollo. De humanismo, de instrucción, de educación y de desarrollo armónico. Y de retorno a la verdadera venezolanidad.

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